Quien está por pisar los treinta eso de tomar un avión y lanzarse a otro país con una intencionalidad diferente a la de ir de vacaciones no es tan fácil como parece, trae consigo unas cuantas noches de consulta con la almohada, imagina por un momento el escenario: ahorrar, despedirte de tu trabajo, pareja y por supuesto, unos cuantos “y sí…”, el típico condicional que no puede faltar, y que además te transforma en el brujo más experto del globo terráqueo, ése que pronostica maquiavélicamente qué pasaría si lo haces o no lo haces.
¿Un cambio de vida drástico? ¿Otro trabajo? ¿Cultura? ¿Situación sentimental? ¿Seguridad? ¿Idioma? ¿Oportunidad? ¿Crecimiento profesional? ¿Reencuentro espiritual? ¡Bahhh! Cualquier excusa como éstas u otras que se están asomando como intrusas en tu cabeza, te podrían empujar a empacar tus cuatro “trapos” y lanzarte a la aventura.
En mi caso, ni me dio tiempo de pensarlo mucho, en un mes y medio ya estaba montada en el avión de Lufthansa rumbo a Frankfurt y luego: Dublín… Claro, posiblemente estas decisiones se concretarían más rápido, sin tiempo para el arrepentimiento, si no existiera el personaje “favorito” de los venezolanos: Cadivi, para muchos el villano de la historia. Cada vez que menciono este nombre, me da como un dolorcito de panza, debe ser “Cadivitis aguda”.
¿Qué si me costó? Ummm… La verdad… No, la adrenalina de conocer un país que anteriormente ni se me tropezó en el mapa, me mantuvo drogada durante la corredera de Cadivi. Con tres amigas en Dublín, la ansiedad y lo curiosa que soy, fui convirtiéndome en un monstruo preguntón, aún recuerdo cuantas veces les escribía para salir de dudas con tips que ya sabía, pero que necesita ratificar, creo que fui la más odiada esos días de intriga.
Bye job
Soy periodista de profesión y convicción, y desde que estuve estudiando en la universidad me apasionaron los medios, en especial la radio a la que llegué por azar.
Cuando decidí venirme a Dublín tuve que dejar uno de los proyectos radiales a los que me entregué de corazón llamado “En la punta de la lengua” de la mano de Unión Radio, cerrar mi empresa Publipunto Comunicaciones, vender mi carro y decirle adiós a mi familia y mi novio. ¿Mi familia? Esa es otra historia, mi mamá estaba en Italia de “retiro espiritual” en la beatificación de Papa Juan Pablo II, mientras yo le salpicaba a mi papá la idea de venirme a estudiar inglés, aunque les confieso que él no me creía mucho porque le comenté que quería hacer un viaje similar hace unos años atrás y nunca se concretó por cosas de la vida. Hazte fama y acuéstate a dormir.
Estuve trabajando días antes del realizar el viaje, esto fue una locura, no se los recomiendo. Ya que un viaje intercontinental implica planificación minuciosa y calculadora, atención y tiempo.
Entrega facturas, realiza cobranzas, hacer el programa, mantener felices a mis clientes y aparte despedirme de todos, tipo relámpago porque se iniciaba la cuenta regresiva. Recuerdo que no tuve chance de decirles “chao” a todos mis amigos y familiares, así que pido disculpas públicamente, pero entiendan esto fue una carrera contra reloj.
Ya les contaré como continua esto…

Ya quiero leer el siguiente post!!! besos Adita!
ResponderEliminarExcelente tu relato, mis mejores deseos, para ti.
ResponderEliminarExcelente relato.
ResponderEliminarSoy venezolana, comunicadora y ahora vivo en Dublín.
Conozco el trauma de Cadivi, pero bueno, ya estamos aquí.
Espero que tu estadía haya sido bendecida.
Saludos.
Ina.